Nov 11, 2013

La quiebra de la OGX

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Fuente: Barómetro Internacional

Por Bruno Lima Rocha 

Cíclicamente presento en esta publicación algún artículo que afirmo será un referencial teórico–práctico del capitalismo, tal como puede serlo realmente una clase viva de economía política. Cuando esto ocurre, casi siempre se trata de malas noticias para la economía nacional y en particular, para los recursos colectivos. La quiebra de la petrolera privada OGX, controlada por Eike Batista (Grupo EBX, heredero de Eliezer Batista, un ex–multimillonario brasileño con mucha presencia mediática y símbolo del empresariado nacional osado) y hoy fallida, materializa algunos conceptos fundamentales para comprender el juego real de la economía y de la política.

Las evidencias apuntan a la habitual privatización de recursos públicos y la socialización de los perjuicios. La distribución desigual del acceso a los bienes colectivos (de capital) se ve representada en la relación entre el Estado (el que financia) y el empresariado privado. El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) destinó océanos de dinero de la Unión (Estado federal brasileño, Poder Ejecutivo como ordenador de gastos) para financiar varios “paquetes de bondades” (denominación del propio Eike Batista después de que el gobierno Dilma anunciara hace más de un año un amplio paquete privatizador y con otorgamiento de concesiones públicas financiadas por el Estado).

Entre estos emprendimientos alcanzados por la “bondad” del Poder Ejecutivo, está la empresa petrolífera de la familia Batista. De acuerdo al diario El Globo (31/10/2013, el mayor periódico del país), el Grupo EBX ya contrató R$ 10 millardos  junto al Banco de Desarrollo siendo R$ 6 millardos ya liberados (el volumen de recursos destinado al holding del grupo es de cerca de USd 2,7 millardos de dólares). Tal dato se materializa en la forma casi autocrática como estas financiaciones son distribuidas. Este procedimiento apunta al “bismarckismo tropical”, donde el Estado, a través del poder central y sus mecanismos de política económica, favorece a conglomerados específicos, también llamados de “campeones nacionales”.

Vale una observación para evitar complicaciones futuras. En momento alguno afirmé que el BNDES es acreedor de la OGX y sí del Grupo EBX, conforme consta en la fuente periodística aquí citada y presente en el portal de la OGX, donde en este link: 

(http://reí.ogx.con.br/show.aspx?idCanal=v6EXhs5ItiP0Jw0dtUDWtQ==) está representada la participación accionaria del 61% del Grupo y su control sobre esa empresa. Entiendo también que el responsable mayor por la quiebra de la petrolera es la quiebra del modelo de monopolio del Estado para la explotación de combustible fósil. Si estuviera el petróleo brasileño aún bajo el control integral de PETROBRÁS nada de eso estaría ocurriendo.

El modelo de concesión es parte de la herencia maldita del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995–2002), retomando los detestados “contratos de riesgo” (estos creados por la dictadura militar, 1964–1985), cuando un campo de aguas profundas o ultra hondas era cedido a explotación de empresas extranjeras. En teoría existe un juego de aleatoriedad, donde puede o no ser encontrado petróleo –óleo crudo, en este caso– y el régimen terminaría por favorecer la empresa exploradora. Sucede que no hay grado de certeza en esta aleatoriedad, considerando la amplia capacidad de espionaje e infiltración de las empresas petrolíferas, siendo las mayores conocidas como las Siete Hermanas, muy presentes en todo el Occidente durante el periodo de la bipolaridad.

Pasada la Guerra Fría y los años ’90, la debacle del Estado Nacional Desarrollista entrega las mayores riquezas del país. Por poco la PETROBRÁS no fue privatizada. Viniendo el co–gobierno a través del pacto oligárquico–sindical (una especie de Pacto de Punto Fijo con mejoría en las condiciones de vida), los favorecidos en el Brasil pasan a ser los capitales aún bajo control de brasileños, siendo que su cajero principal es el BNDES, y cuando este no tiene recursos, los incentivos vienen o en el montaje de consorcios, o vía préstamos indirectos salidos del Tesoro Nacional (como fue el caso de la incorporación de la Brasil Telecom por la empresa Hola–Telemar).

Volviendo al caso específico, la deuda de la OGX es de R$ 11,2 millardos de reales y la misma, conforme consta en este link: 

(http://economía.ig.con.br/empresas/2013–11–08/empresas–de–eike–ogx–de la–calote–milionario–en la–osx.html ) tampoco debe honrar los compromisos con otra empresa controlada, el astillero OSX, con quien la OGX tiene deudas estimadas en R$ 2,37 millardos. La OGX (petrolera) cuestiona R$ 1,6 mil millón de este volumen de créditos entre dos personas jurídicas controladas por el Grupo EBX, siendo que esta acreedora (OSX, construcción naval), anuncia la posibilidad de también entrar con pedido de recuperación judicial, tal como la petrolera. Por fin, la OGX anuncia en la web del grupo EBX (http://www.ebx.com.br/pt–br/grupo–ebx/Paginas/ebxnumeros.aspx) estar operando la mayor campaña exploratoria de petróleo privada en curso en el país. 

Otra lección del Juego Real de la Política y de la Economía en el alto nivel decisorio 

Eike jamás llegó a ser el más poderoso de estos capitanes de industria, conforme está  demostrado en los vigorosos estudios de la Cooperativa Eita (ver proprietariosdobrasil.org.br). Pero, tal vez por su gran y heterodoxa exposición mediática (suya y de su hijo, un notorio playboy de Río de Janeiro), terminó como un símbolo de las relaciones carnales entre el Estado y el agente económico, operando a favor de este último. Tamaña visibilidad fortaleció la “sensación de optimismo”, influenciando la ruleta rusa del mercado financiero, aumentando la búsqueda de las acciones X, generando el temerario comportamiento de manada. Ahora, resta el perjuicio y el vergonzoso papel de Brasil en el escenario internacional. 

Como vengo afirmando, el concepto de juego real es el conjunto de maniobras –legales y nada republicanas– más allá de la moral convencional y fruto de la distancia o proximidad con los espacios decisorios. Separar la decisión política de los procesos productivos es una peligrosa fábula para–científica, muy defendida por los neoclásicos y neoliberales, casi siempre terminando en una cuenta multimillonaria a ser pagada por el contribuyente. En el caso de la OGX, emprendimiento de Eike Batista –hoy una notoria estrella decadente del capitalismo nativo– los conceptos materializan la teoría aplicada. 

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