09/05/11
Fuente: Publicación Barómetro
Por Bruno Perón Loureiro
La América Latina no comienza –a diferencia de lo que piensan los geógrafos para los cuales el concepto de “América del Norte” sigue siendo dudoso- en la extensa y difícil de vigilar frontera entre México y Estados Unidos, sino que el segundo país es esencialmente latinoamericano.
La apropiación de la mitad del territorio mexicano entre 1846 y 1848 por fuerzas del Norte no evitó que el Sur de los Estados Unidos se compusiese hasta los días actuales con familias de nombre hispánico. La inmigración completó la presencia que los latinoamericanos tienen en Estados Unidos., inclusive como votantes e influencias en la definición de programas de gobierno de los partidos políticos y candidatos a la presidencia.
Los candidatos a cargos electivos que menosprecien a los inmigrantes ilegales entierran sus pretensiones de votos en algunos estados donde la presencia de éstos tiene mucho peso.
Teniendo en cuenta el crecimiento poblacional de los latinoamericanos en Estados Unidos, el Partido Republicano, el mismo del vaquero asesino y cobarde George W. Bush, ha suavizado las políticas anti-inmigratorias que mantiene tradicionalmente para que puedan concordar con el Partido Demócrata. El discurso partidista se amoldó a la nueva realidad social.
La División de Censos (Census Bureau en inglés) de los Estados Unidos divulgó en marzo de 2011 las nuevas proporciones de población, las que los hispanoamericanos se cuentan en 50,5 millones (16,3% de un total de 308 millones de habitantes) con lo cual se convierten en la primera “minoría” del país. Los habitantes de origen hispanoamericanos alcanzaron en estos últimos años una mayor presencia en estados donde hasta ahora eran menos representativos: Alabama, Mississipi, Carolina del Sur, Carolina del Norte y Maryland. Su concentración sin embargo se mantiene en el Sur de los Estados Unidos, especialmente en California y Texas.
Los grupos “minoritarios”, al contrario de lo que se podría esperar, no siempre se entienden en los Estados Unidos, y frecuentemente se disputan territorios urbanos y espacios políticos.
¿Qué posición les cabe a los negros, cuyos antepasados fueron llevados para el trabajo esclavo en las plantaciones de algodón y luego sus descendientes libres se arrinconaron en los estados del sureños de Lousiana, Mississipi, Alabama y Georgia? Basta recordar las demoras del gobierno de Estados Unidos en ejercer acciones para la reconstrucción de Nueva Orleáns en el Estado de Lousiana, luego del huracán Katrina en agosto de 2005.
Los afrodescendientes llegan a los 37,6 millones de personas (12,2% del total) mientras que los asiáticos crecieron respectivamente 43%, mientras que los blancos no-latinoamericanos se expandieron apenas un 1,4% aunque representan el 63,7% del total de la población.
Muchos estadounidenses son reacios a aceptar que uno de cada seis habitantes de ese país tiene raíces en América Latina, lo que ha mantenido la posición de que los negros constituyen la principal “minoría”. Los datos del censo no tienen en cuenta que los Estados Unidos tienen 10,8 millones de inmigrantes ilegales, la mayoría de los cuales son de origen hispanoamericano. Por más que se dificulte la entrada a los Estados Unidos, a través del cobro de visa, los migrantes extranjeros consiguen mantenerse en el país debido a la demanda de mano de obra barata y no declarada legalmente.
La reluctancia talvez venga del prejuicio que los ciudadanos blancos de los Estados Unidos tienen contra los latinoamericanos, especialmente con los mexicanos. Les atribuyen la culpa de cualquier desgracia nacional, por conducir mal, de apropiarse de los empleos, generar disturbios, crear bandas, etc. Los “latinos” son todos iguales, según esta visión usual estadounidense.
La reciente visita de Barak Obama a Brasil, Chile y El Salvador demuestra que su país necesita de nosotros, latinoamericanos, para reproducir su sistema consumista y depredador. Los dos primeros países donde el mandatario estadounidense puso sus pies han convertido a China en su principal socio comercial. Obama, afectado de profunda desesperación anunció que el futuro ya llegó para Brasil. ¿Estaría equivocado entonces el austriaco Stefan Sweig para quien el Brasil es “el país del futuro”?
¿O será que los Estados Unidos están tan latinizados en su conteo demográfico que su jefe de estado decidió sugerir una relación de “igualdad” entre ellos y Brasil?
Conceptos viables para entender la población de los Estados Unidos son aquellos que recuperan la memoria y toman en cuenta el fenómeno de las migraciones internacionales.
No es de extrañar que ya se nombrara a Miami como capital de la América Latina.
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